24 jul. 2012

La importancia del sol del verano

Sobra decir que el Sol es uno de los principales motivos de que exista vida en La Tierra y por lo tanto también de que existamos como especie.

Pero hoy viendo por la ventana el día que hace me ha inspirado para hablar de una importante interacción entre el Sol y nuestros cuerpos, más concretamente el sistema osteomuscular (huesos y músculos).


Estoy seguro que todos hemos escuchado aquello de que: ''hay que tomar el sol, que es bueno para el calcio y para los huesos''. Esta frase proviene de la sabiduría popular de hace docenas o incluso cientos de años y como en la mayoría de los casos la sabiduría popular está en lo cierto sin ni siquiera conocer el motivo real de esa afirmación, la vitamina D.

Los huesos se componen principalmente de calcio (Ca+2) y magnesio (Mg) pero estos minerales por sí solos no se fijan a los huesos, necesitan de otras sustancias que intervengan y faciliten esa absorción. Una de esas sustancias, y sobre la que más podemos actuar, es la vitamina D que la podemos obtener a través de la dieta ingiriendo leche, huevos o vegetales y también podemos ''conseguirla'' al exponernos a los rayos ultravioleta (UV) del Sol. De este modo el ergosterol (colesterol propio de los vegetales) se transforma en vitamina D por la incidencia de los rayos UV.



Unos niveles bajos de vitamina D impide que el calcio se fije en los huesos, de manera que éstos empiezan a debilitarse, a curvarse y se crean malformaciones irreversibles que reciben el nombre de raquitismo, enfermedad ósea que afecta principalmente a los niños. Es por esto que la vitamina D también es conocida como antirraquítica.

La deficiencia de vitamina D se asocia a raquitismo (niños) y osteomalacia que aún siendo la misma enfermedad se denomina así cuando afecta a adultos. Pero también juega un papel importante en la osteoporosis, enfemedad ósea que se caracteriza por la aparición de poros en los huesos que inevitablemente los debilita siendo más propensos a fracturas. Esta enfermedad es común sobre todo a partir de la quinta década de la vida y se hace muy virulenta a partir de la menopausia en el género femenino.

En resumen, una dieta equilibrada y una exposición moderada a la luz solar garantiza unos niveles adecuados de vitamina D en nuestro organismo y por consiguiente disfrutaremos de unos huesos y músculos más fuertes y resistentes.

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