30 may. 2012

¿Anciano o viejo?

Hoy por la mañana tuve la oportunidad de visitar el centro de día del lugar donde me he establecido y me ha encantado lo que he visto. Antes de contar esto me viene a la mente el recuerdo de unos pocos meses en un centro geriátrico de Madrid, se puede decir que fue mi primer contacto con pacientes ''reales''. El cariño que puede llegar a transmitir una persona anciana no tiene límites, basta con hacer el trabajo pensando en su bienestar y ellos te recompensarán con un agradecimiento de corazón por siempre.


Pero como esta no es una vida de color de rosa y si lo fuese sería una rosa con miles de espinas. En ese centro geriátrico madrileño del que hablo había muchas espinas que les hacían la vida imposible a los usuarios, en muchas ocasiones yo era como un gran pañuelo donde secarse las lágrimas, un apoyo contra tanta injusticia. Era un daño impropio de personas vocacionales, personas amargadas, asqueadas de su vida pero al final los platos rotos los pagaban esas personas que con un poco dan un mucho, que pese a los años ven el rayo de sol abriéndose paso entre un cielo tormentoso.

Pero a lo que iba, hoy me he encontrado con un panorama que hace años no presenciaba, de esos momentos en los que estoy casi aseguro que la raza humana está salvada, ojos llenos de felicidad, de dedicación, de amabilidad. Profesionales gerocultores que estaban allí por qué realmente querían estar allí, que disfrutaban con lo que hacían y veían devuelto su esfuerzo y dedicación en cariño y más cariño.

Mientras esperaba a la responsable del centro escuchaba como una de las profesionales gerocultoras leía las noticias del día en un periódico provincial a un grupo de no más de 10 ancianos. Todos ellos atentos a las novedades, comentando las que le parecían curiosas o interesantes, incluso arrancando pequeños debates. 

En ese momento giro la mirada hacia la derecha y mi mirada se queda fija en una publicación publicada en el centro de día, y como no podía ser de otro modo, redactado y editado por el personal del centro. Entre sus páginas me llamó especialmente la atención un artículo a doble página. A modo de resumen hacía diferencias sustanciales entre una persona anciana y una persona vieja. Las personas ancianas, según la publicación, son aquellas que viven para el ''mañana'', que ven el vaso medio lleno, que consideran el hoy como el primer día del resto de sus vidas, que aprecia cada detalle de la vida, que vive para sí misma y para los demás. En cambio, una persona vieja es aquella de vive en los ''ayeres'', mira a la vida con pesimismo, que considera el hoy como un día menos para esa fatídica e inevitable cuenta atrás, no le ve sentido a la vida dentro de un cuerpo viejo y desgastado. Un articulo así no sería posible sin la interacción de los usuarios del centro de día, ejerciendo un papel similar al de musas para un pintor o inspiración para un poeta.

Una breve visita a este centro de día me dio pie a pensar acerca de muchas cosas, acerca de la vida en general, ha sido como una recarga automática de energía y una inestimable ayuda para asentar aún más esas convicciones que condicionan mi existencia.

Sin duda repetiré la experiencia.

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